Historia del Opus Dei en Puerto Rico

A partir de 1969, el mensaje del Opus Dei llega a Puerto Rico. Se trata de la Región Benjamina por ser el último país donde se comenzó la labor en vida de San Josemaría, Fundador del Opus Dei. Señalamos algunas fechas destacadas de la historia del Opus Dei en Puerto Rico, especialmente de los primeros años.

Historia

Prehistoria

En 1963, D. Antonio Modesto García, un sacerdote Agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, se trasladó a Puerto Rico enviado por su obispo para trabajar en el Seminario Interdiocesano de Ponce.

Don Antonio había conocido a san Josemaría en los primeros meses de 1963, y recordaba que, al enterarse de su traslado a la Isla, le dijo: "No estamos solos nunca. Estamos más cerca de quienes más nos necesitan. Y tú vas a ser uno de éstos". Escribió varias veces a san Josemaría, quien en 1964 le contestó de su puño y letra: "Querido Antonio: que Jesús te me guarde. Me dio mucha alegría tu carta… ¿Cuándo comenzaremos corporative [sic] en Puerto Rico? Si tú te empeñas –oración, mortificación, trabajo, alegría–, muy pronto".

Había, por lo demás, diversas personas que leían Camino asiduamente. Este fue el caso de Ángel Franco, un profesional puertorriqueño que escribió una carta a san Josemaría, con fecha 10 de mayo de 1967, en la que ofrecía colaboración para hacer el Opus Dei en Puerto Rico. Dirigió la carta a "Mons. Escrivá, Roma", sin más señas. El fundador del Opus Dei le contestó en carta del 8 de junio con cariño y agradecimiento; y los miembros de la Obra en Estados Unidos le facilitaron el encuentro con don Antonio Modesto García. Esto sirvió para que ese mismo año se iniciaran círculos y retiros mensuales, tanto para hombres como para mujeres.

Con el aliento de San Josemaría

Varias personas movidas por su entusiasmo, le escribían directamente a Mons. Escrivá a Roma, pidiendo que empezara pronto aquí la labor del Opus Dei. Todas las cartas las contestaba San Josemaría. En marzo de 1968 le decía en una carta a Ignacio Vilá, que luego pediría la admisión en la Obra: “No deje de encomendar el próximo viaje de algunos del Opus Dei a Puerto Rico”.

En otra carta a Ángel Franco en 1968 le decía: “A diario pido al Señor y a su Santísima Madre que les haga perseverar en sus buenos propósitos y así, con la ayuda de todos, podamos empezar de un modo estable la tarea apostólica del Opus Dei en esa queridísima tierra”. Un mes más tarde le volvería a decir: “No te olvides de rezar siempre por esa intención, ya que la oración es el primer medio y el más eficaz”

El terreno estaba preparado cuando algunos fieles del Opus Dei comenzaron a viajar establemente a la isla. En mayo de 1968 lo hicieron los sacerdotes Daniel Cummings y Robert Bucciarelli, procedentes de Washington, y los profesores Ismael Sánchez Bella y Francisco Jiménez Huertas, de la Universidad de Navarra. Fr. Dan y Fr. Bob visitaron a Luis Aponte Martínez, arzobispo de San Juan y futuro Cardenal, que les expresó su deseo de tener a la Obra en su archidiócesis.

1969: Inicio de la labor estable

En Semana Santa de 1969 acudieron, desde Washington, Ismael Virto y D. José Meroño para atender un curso de retiro. Asistieron los que después serían los primeros supernumerarios y cooperadores de Puerto Rico. También en abril de 1969 hubo otro curso de retiro para mujeres que atendió Amparo Arteaga, que viajó desde Boston.

El 17 de junio de 1969 comenzó la labor estable en Puerto Rico. Ese día llegó D. José Meroño, procedente de Estados Unidos. En las sucesivas semanas fueron llegando los demás fieles: Sebastián Masó, Jorge Menéndez, José María Medina y D. Ignacio Repáraz Arregui. También les acompañó D. Ismael Sánchez Bella, profesor de la Universidad de Navarra, que permaneció unas semanas en las que presentó a los recién llegados las personas que conocía de viajes anteriores. Jorge y José María iniciaron su actividad profesional como profesores de la Universidad de Puerto Rico.

El 15 de agosto de 1969, fiesta de la Asunción de la Virgen, se dejó al Santísimo en el primer sagrario, en lo que era el oratorio provisional del primer Centro del Opus Dei situado en la Calle José Martí 815, en Miramar. A los pocos meses varios de los Cooperadores que ya asistían a los retiros mensuales que daba D. Antonio Modesto pidieron la Admisión en la Obra.

San Josemaría siguió muy de cerca los inicios. Ignacio Vilá –uno de los primeros supernumerarios– recibió respuesta pronta a una carta suya de aquella época: el Padre se unía de todo corazón a la acción de gracias al Señor que "ha hecho realidad nuestro deseo de que comenzara la labor apostólica de la Obra en Puerto Rico". En sucesivas cartas que escribió en 1970 –el 3 de febrero y el 24 de marzo– encontramos expresiones en el mismo sentido: "Dios Nuestro Señor espera mucho de Puerto Rico". "Constantemente os tengo presente y os encomiendo, para que vuestra labor vaya creciendo con paso firme y seguro". "El Señor premiará con creces vuestra fidelidad y vuestro empeño para llevar la paz y la luz de Cristo a las almas". "Que os queráis mucho, que me cumpláis fielmente las Normas y que seáis muy proselitistas".

El Opus Dei y las mujeres en Puerto Rico

Antes del comienzo de la labor estable en Puerto Rico varias puertorriqueñas ya pertenecían a la Obra.

Lolita Román pidió la admisión en febrero de 1956 en Chicago. Había conocido la Obra a raíz de un viaje apostólico de don José Luis Múzquiz a Puerto Rico en la década de los cincuenta. Casi a la par, en 1957, en Madrid se incorporó al Opus Dei otra puertorriqueña, Diana de Guzmán.

El 11 de noviembre de 1969 llegaron a San Juan desde Estados Unidos, Amparo Arteaga, que empezó muy pronto a trabajar como tutora de inglés, y Ana María Brunori. El 17 de diciembre viajó desde España Diana de Guzmán, después de pasar por Roma y recibir la bendición de san Josemaría. Diana fue profesora de inglés en diversos colegios de enseñanza media y más tarde docente universitaria. Se les unió en junio de 1970 el resto del equipo: Paz Sánchez, y otras dos puertorriqueñas, Isabel Trío y Tania Díaz González. Comenzaron en Santurce el primer Centro de mujeres. Isabel y Tania trabajaban como profesoras en la Universidad de Puerto Rico.

Comienzo de Paloblanco, la casa de Retiros

En 1973, gracias a la generosidad de D. Bebelo Rexach, amigo de Sebastián Masó, se consiguió una propiedad en una finca de Río Grande. Se trataba de un conjunto de tres casas contiguas –actualmente Paloblanco-, que comenzó a utilizarse como como casa de retiros, convivencias, cursos profesionales y de formación cristiana. Desde aquel entonces, se ha utilizado ininterrumpidamente –salvo durante su remodelación y ampliación: 1993-96- y ya han pasado por allí miles de personas. (www.paloblanco.org)

1975: Con el Padre en Venezuela

En febrero de 1975 se desplazaron a Caracas más de cien puertorriqueños para estar con san Josemaría en el que sería su último viaje a América. Casi todos le veían y oían por primera vez. Ese encuentro supuso un espaldarazo definitivo para el trabajo apostólico en Puerto Rico.

Mons. Del Portillo, durante su estancia en Puerto Rico en 1988, recordaba bien ese momento, y lo sacó a relucir durante una tertulia multitudinaria en el Centro de Bellas Artes de Santurce: «No sabéis la alegría que se llevó nuestro Padre al ver al grupo de puertorriqueños que habían viajado para saludarle. Hijos míos, robáis el corazón; no sé qué tenéis, pero robáis el corazón».

1988: Beato Álvaro del Portillo en Puerto Rico

A los diecinueve años de haberse comenzado la labor en estas tierras, se recibe la visita del Prelado del Opus Dei y primer sucesor de San Josemaría, Mons. Álvaro del Portillo. Se organizaron tertulias en las ciudades de San Juan y Ponce. Miles de personas pudieron escucharle y recibir el influjo de su santidad y de su amor a Dios, a la Iglesia y al Papa. Mons. Álvaro del Portillo fue beatificado el 27 de septiembre de 2014.